My Personal Branding
“Cada esfuerzo pequeño nos acerca a una meta grande.”
Desde que escribí esa frase como parte de mi personal branding, entendí que no es solo algo bonito que suena motivador, sino algo que realmente quiero aplicar en mi vida. Soy una chica de 17 años, estudiante de segundo año de bachillerato, con sueños grandes, como el de estudiar aviación y convertirme en piloto. Y aunque suene enorme, creo que todo empieza con pequeños pasos.
Cuando era una niña pequeña viví una experiencia que me marcó mucho. Una tarde fui al parque, me comí una paleta de chocolate en el camino y terminé jugando fútbol con unas personas que acababa de conocer. Todo iba bien hasta que me resbalé tratando de hacer un truco con la pelota y me esguincé el brazo. Fue doloroso, vergonzoso (porque hasta vomité la paleta frente a todos) y terminé con yeso casi un mes. Incluso fui a karate así. Desde entonces, le tuve pánico a los deportes.
Pero esa caída me enseñó algo: el miedo aparece cuando algo nos duele, pero no significa que debamos quedarnos ahí. Ahí es donde entran mis fortalezas. La disciplina me ayudó a seguir yendo a clases aunque estuviera incómoda. El positivismo me hizo pensar que no era el fin del mundo. La tolerancia y el respeto me ayudaron a aceptar que a veces fallamos y que está bien.
Si quiero ser piloto, sé que necesitaré exactamente eso: disciplina para estudiar mucho, respeto para trabajar en equipo, tolerancia para manejar la presión y positivismo para no rendirme cuando algo salga mal. Volar un avión no es solo adrenalina, también es responsabilidad y control.
Y hablando de adrenalina, siempre me han gustado las series, películas y documentales, especialmente los que tienen misterio o momentos intensos. Me encanta esa sensación de emoción y desafío. Creo que eso conecta mucho con mi sueño de volar: estar en el aire, tomar decisiones importantes y vivir experiencias que no todos viven. No es solo por la emoción, es por superarme a mí misma.
Mi propuesta de valor es simple: soy una persona que, aunque tenga miedo, sigue intentando. Que entiende que los errores enseñan. Que cree que cada pequeño esfuerzo, como estudiar una hora más, practicar una habilidad o levantarme después de una caída, me acerca a esa meta grande que es convertirme en piloto.
No soy perfecta, pero estoy en proceso. Y eso también cuenta. Porque al final, no se trata de no caer nunca, sino de aprender a levantarse con más fuerza y con un sueño más claro que antes.
Comentarios
Publicar un comentario